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2 Libros para construir la historia

Una de los aspectos más complicados de la adopción es asumir y entender la historia pasada de nuestros hijos, pero el más, creo que va a ser explicársela a ellos.

En los meses anteriores, he encontrados dos buenas herramientas: libros.

El primero que compré fue “Esta es nuestra historia. El libro de tu adopción”, escrito por Ana Berástegui y Blanca Gómez Bengoechea de Ediciones SM.

El segundo es un álbum de recuerdos creado por Mr Wonderful que se llama “Te estábamos esperando. Álbum de recuerdos para padres de corazón”.

Ambos requieren un gran trabajo, nada fácil, para completarlos. Con fotos, comentarios… y aunque el primer día me entraron ganas de hacerlo, cuando me puse me di cuenta de lo difícil que era elegir las palabras que se iban a quedar ahí para siempre. Palabras que iría viendo yo durante años y después mi hij@.

 

Esta es nuestra historia. El libro de tu adopción

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  • Es un libro de tapa dura y “gran formato” que trata la adopción internacional. Quizá demasiado grande para un niño pequeño, pero no lo veo un problema porque creo que las primeras veces debería leerlo acompañado.
  • Me gusta que empieza con la historia de los padres de manera individual: con fotos nuestras, dónde vivíamos, con quién…y un poco más tarde cuando los padres se conocieron.
  • No me gusta cuando habla de la “gran idea” una vez que se dieron cuenta de que no podían tener hijos. Está bien, pero me cuesta. Me cuesta ponerlo por escrito así…en un cuento.
  • Me gusta que cuenta cómo se comparte la idea con la familia y amigos, sobre todo porque en nuestro caso fue todo muy fácil.
  • Me gusta cómo trata el “papeleo”
  • Me gusta pero me cuesta describir a su madre biológica.
  • No me gusta que hable de su nombre de origen. Mi idea es mantenerlo pero hasta que no llegue el momento, no podremos decir nada. Y no me gusta que esté en el cuento.
  • No me gusta cuando explica por qué no pudieron cuidarle. Una página en tonos grises, con dibujos de un día de lluvia, ventoso…
  • Me gusta cómo trata el viaje
  • Espacio para poner las fotos de los primeros días, las primeras Navidades….
  • No me gusta que no sirva para adopción nacional. Se podría utilizar eliminando páginas, pero el libro es demasiado bonito para arrancar o pegar hojas.

Te estábamos esperando. Álbum de recuerdos para padres de corazón

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  • MRWonderful_1Me gusta que sea de Mr. Wonderful. Tienen un diseño moderno y actual y son muy positivos.
  • No me gusta que sea de Mr. Wonderful. Estoy hasta el moño del original y sus copias. Me resulta un poco empalagoso y está creado por no profesionales que han encontrado un filón entre los padres de adopción. Estamos deseando poder comprar alguna cosa relacionada con nuestros hijos pero como nunca sabemos nada, nunca podemos arriesgarnos.
  • Viene en una carpeta muy mona, con un apartado de pegatinas para poder poner palabras a algunas fotos. Me gusta pero me da rabia que mi álbum sea muy igual a otros.
  • Me gusta mucho la primera página. Es una introducción muy sencilla, clara y bonita.
  • No me gusta que haya listas para elegir… cada proceso es único.
  • Me gustan los colores que han elegido para diseñar el álbum.
  • Sirve tanto para adopción nacional como internacional. Se pueden arrancar las páginas que hacen referencia a otros países y el libro no se estropea.
  • Muchos espacios para poner fotos: de los primeros momentos, de las familias.
  • Me gusta la última frase, igual de bonita, clara y sencilla que la primera.

Carta a la madre 

“Querida mamá de un niño adoptado” es una carta escrita por  Kathy Lynn Harris que me encanta y no quiero perder…así que por eso no quiero perderlo y por eso lo dejo aquí!

“Te conocí en una clase de educación para la adopción. Me encontré contigo en la agencia. Te vi en la clase de mi hijo. Te vi en internet. Fui a verte a propósito. Pero también te vi por casualidad.

No importa. La cosa es te reconocí a la primera. Reconozco la tenacidad obstinada. El coraje. La lucha. Porque todo lo que tenías era una decisión y nada de lo que tenías era fácil. Eres el tipo de mujer que hace que las cosas pasen. Al fin y al cabo, conseguiste que esto ocurriese, lograste la familia que tienes.

Quizá rezaste por ello. Quizá tuviste que convencer a tu pareja de que era lo adecuado. Quizá lo hiciste sola. Quizá la gente te dijo que te conformases con lo que tenías. Quizá alguien te dijo que tu destino era no tener al hijo que ahora acaricias. Quizá alguien te advirtió de lo que le pasó al amigo del vecino de su primo. Quizá los ignoraste.

Quizá llevabas años planeándolo. Quizá tuviste una oportunidad. Quizá gastaste los ahorros de tu vida. Quizá no era tu primera opción. O quizá sí.

Sea como fuere, te reconozco. Y veo cómo te aferras a ello. A veces con demasiada fuerza. Porque eso es lo que se suele hacer, ¿no?

Sé todos los libros que te leíste. Los que todo el mundo lee sobre los patrones del sueño y sobre los beneficios de la tela frente a los materiales desechables… Pero muchos más. Los que tratan sobre los trastornos del apego, sobre los bancos de leche, sobre los bebés que nacen con adicción al alcohol, a la cocaína, a la metadona. Libros sobre retraso cognitivo, sobre deficiencias en el lenguaje. Sobre instituciones de apoyo y asesoramiento, sobre impuestos y seguros, sobre los pros y los contras de la adopción abierta, sobre derechos y leyes…

Sé lo que es la identificación por huellas dactilares, lo que son los primeros tests, los informes de crédito, las entrevistas, las referencias. Conozco las (muchas) clases que hay. Conozco la frustración que produce un papeleo burocrático sin fin. Las horas de echar cuentas y de organizar todo tipo de campañas y ventas para conseguir dinero.

Sé que nunca perdiste de vista lo que querías.

Sé lo que sentiste cuando recibiste esa llamada: ese subidón interno que te llevó hasta lo más alto. Y luego el bajón de pensar que, bueno, estas cosas también fracasan.

Quizá se lo contaste a tu madre y a un par de amigos íntimos. Quizá se lo gritaste al mundo. Quizá te diste el capricho de decorar la habitación del bebé, de comprar una sillita para el coche. Quizá te compraste una mantita suave, sólo una, y te la llevaste a la mejilla cada noche.

Sé las visitas que hicieron a tu casa. Sé que se te agrietaron los nudillos de limpiar cada milímetro de superficie la noche de antes. Sé que se te quemó el pastel de café y que justo antes de que el trabajador social llamara al timbre, tú te estabas retocando el rímel.

Sé que hubo visitas de seguimiento, cuando tú llevabas tres semanas sin dormir porque el bebé tenía cólico. Sé que querías demostrar a toda costa que tenías todo bajo control, aunque hubieras vuelto a trabajar y a echar horas de más… Quizá sin baja por maternidad, sin la familia, sin los platos ni las flores ni los globos de bienvenida.

Te he visto en muchos países, en tierras lejanas, en hoteles sucios, gastando tus vacaciones laborales, luchando por entender qué te están prometiendo y qué no. Luchando por dar tu amor a ese pequeño que está desorientado y tiene miedo. Esperar, desear, saludar, amar, volar, acoger, volver a casa.

Te he visto esperando en la puerta del hospital cuando nació el bebé, tratando de dilucidar cuál era tu lugar en esa escena. Te he visto la cara cuando oíste que una enfermera susurraba a la madre biológica que no tenía por qué seguir adelante con ello. He visto cómo dabas a la madre biológica todo tu respeto y paciencia y compasión en esos momentos… mientras te mordías el labio y cerrabas los ojos, sin saber si cambiaría de opinión, si todo había sido un sueño que llegaba a un abrupto final en un ambiente estéril. Sin saber si ese era tu momento. Sin saber casi nada.

Te he visto mirar al bebé a los ojos, preguntándote si es realmente tuyo, preguntándote si puedes tranquilizarte lo suficiente como para dejarte llevar.

Y entonces, coges al bebé en tus brazos, en casa, esa primera noche. Con sus deditos entrelazados en los tuyos. Con su corazón latiendo contra el tuyo.

Conozco esa sensación. Esa perfecta y esperanzadora felicidad.

También conozco el día de la adopción. Los nervios esa mañana, el juez, las formalidades, el alivio, la alegría. El soltar un suspiro que quizá ni siquiera sabías que llevabas aguantando durante meses. Meses.

He visto que conociste a los padres biológicos y a los abuelos semanas o años después. Te he visto compartir a tu hijo con desconocidos que tienen su misma nariz, su sonrisa… Gente que lo quiere porque es uno de ellos. He visto que lo coges por las noches después de esas visitas, cuando está un poco revuelto y confundido y sólo quiere coger un peluche y apoyar su cabeza en tu hombro.

He visto tu preocupación cuando a tu hijo le mandan en el colegio que haga un árbol genealógico. O cuando le piden que lleve fotos de su papá para comparar los rasgos que ha heredado. Sé que te preocupas porque puedes proteger a tu hijo de muchas cosas… pero no puedes protegerlo de ser diferente en un mundo tan propenso a celebrar la homogeneidad.

Te he visto en la consulta del médico, rellenando el historial médico y dejando huecos en blanco, signos de interrogación, esperando que esos espacios no se conviertan después en un problema mayor.

Te he visto responder a las preguntas complejas, a las preguntas que tienen que ver con el por qué, y con el cuánto, dónde, quién, ¿cómo, Mamá? ¿Cómo?

He visto que te preguntabas cómo reaccionarías la primera vez que escuchases el temido: “Tú no eres mi mamá de verdad”. Y te he visto sonreír con dulzura ante esa cuestión, manteniendo la calma y el cariño, hasta que te encierras en el baño y amortiguas el llanto con el sonido de la ducha.

Te he visto avergonzarte un poco cuando alguien le dice a tu hijo lo afortunado que es por tenerte. Porque sabes con todo tu ser que es al revés.

Pero, ante todo, quiero que sepas que he visto cómo miras a tu hijo a los ojos. Y aunque nunca veas en ellos un reflejo de los tuyos, ves algo igual de potente: un reflejo de tu amor absoluto e imparable por esa persona que creció entre tus lágrimas y risas, y cuya pérdida sería la pérdida de ti misma.

Más libros…El Hilo Rojo

Entramos de lleno en un proceso donde cada día vamos aprendiendo un poco más aunque nunca será suficiente como para llegar al final del mismo pensando que ya lo sabemos todo, ni mucho menos!. Seguramente será al revés, una vez que llegue la asignación, el primer viaje, el segundo y con Piiii en casa, (así se llama por ahora nuestro-a hijo-a http://1diamases1diamenos.wordpress.com/2014/07/07/te-llamas-piiii/) tendremos la sensación de no saber nada en absoluto.
Para poder mitigar un poco esta sensación contamos con testimonios de las personas que han pasado ya por ello, de los que están más adelantados que nosotros, páginas web, foros, blogs, redes sociales… y por supuesto los libros.hilo-rojo-amor Seguir leyendo Más libros…El Hilo Rojo